Durante un patrullaje nocturno en la ribera del río Magdalena, el subintendente Jhon Ramírez reportó haber sido atacado por una figura vestida de blanco que lo acusó de “quitarle a sus hijos”, dejándole el rostro lleno de arañazos profundos.Sin embargo, todo apunta a que no fue un encuentro sobrenatural: la responsable habría sido una moza del sector con quien el uniformado mantenía una relación o encuentros frecuentes. Al parecer, Ramírez había usado el clásico cuento de la Llorona como excusa para justificar su demora en el turno, pero la moza, presa de celos (posiblemente al sospechar que él andaba con otra), lo esperó en el lugar y lo confrontó. En el forcejeo le dejó la cara marcada con arañazos de oreja a oreja.El subintendente regresó a la base ya de madrugada, asustado y con el rostro ensangrentado, intentando sostener la historia del fantasma. Pero en la estación el chisme voló rapidito y los compañeros no perdonaron la oportunidad:
• “¡Jhon, esa Llorona tenía uñas de gel y olía a ‘Victoria’s Secret’!”
• “Parce, ¿cuántos hijos le quitaste vos pa’ que te dejara así la moza?”
• “Ahora entiendo por qué pedías tanto turno nocturno… ¡pero te salió caro el ‘auxilio’!”
• “La próxima vez dile a la moza que use guantes, que esa cara no la tapa ni el casco”
• “Ya sabemos quién es la que llora de verdad… ¡la esposa cuando te vea con esa carita!”Aquí, la imagen clásica de la Llorona que sirvió de coartada perfecta:

Y el estado real del subintendente al llegar a la base, con las “heridas de guerra” bien visibles:La Policía maneja el caso con discreción, pero en la base ya hay apuestas sobre cuánto tardará el subintendente en pedir cambio de turno… o de moza.




